Santino Berni: la valentía de atreverse

No fue fácil pero lo logró. Santino Berni pasó seis meses de intercambio en Italia, del 23 de enero al 6 de julio del 2026. Ahora, en esta entrevista para la web de Campoalto, nos cuenta su aventura.

Octubre 2026: Santino Berni en Campoalto, luego de la odisea por Italia..

Hola Santino! Cómo surgió este viaje?

Hola Roger! En el 2024 hospedamos en mi casa una chica francesa que se llamaba Charlotte. Estuvo en mi casa tres meses y, claro, tuvimos un buen vínculo. Después, poco a poco, nos fuimos sumergiendo más en todo lo que es el Intercambio y a mis padres y a mí nos fue interesando la idea.

Hasta que llegó la decisión.

Se me dio la oportunidad y decidí tomarla. Es algo que pocas personas se atreven a hacer, porque es un reto muy grande: irse solo a otro país, muy alejado de tu familia, de tu comodidad, de las cosas a las que estás acostumbrado. Pero lo decidí porque sabía que me iba a ayudar a madurar y a desarrollar habilidades.

Y el viaje, ¿cómo fue?

Lo que más me aterraba era que el vuelo iba a ser muy largo y me daba mucha impaciencia tener que esperar tanto tiempo para llegar. Pero finalmente lo sentí rápido al viaje. Llegué al aeropuerto de Madrid y, con mis amigos de Intercambio que también iban, tomamos el siguiente vuelo hasta Roma.

Los «intercambistas» en acción…

Empezaba la emoción…

Sí! En Roma nos vinieron a buscar los voluntarios que se encargan de administrar que todos los intercambistas lleguen a sus casas sanos y salvos. Y nos tocó ir a un campamento que duró dos días y medio, donde nos explicaron cosas básicas sobre la cultura, las tradiciones, y cosas para sobrevivir en la calle, números, contactos, etcétera.

Un campamento introductorio…

Así es. Ahí conocimos a mucha gente, demasiada gente de muchos países. Me sorprendió la cantidad de intercambistas que había. Enseguida pude hacer amistad y sigo manteniendo el contacto con chicos que están por todo el mundo. Eso es realmente espectacular.

Y después qué…

Luego del campamento, un domingo de mañana nos tocó partir. Dependiendo del destino podía ser un bus, avión o tren. A mí me tocó ir en tren hasta mi casa, que fue cerca de Turín, una ciudad llamada Alba, donde vivía mi familia. Tengo que decir que cuando estaba en el tren, a poco de llegar al destino, estaba un poco nervioso porque yo no sabía cómo me iba a desenvolver con mi familia o con la gente que encontraría en los colegios. Estaba un poco asustado, pero al mismo tiempo emocionado.

Santino con sus compañeros, en su colegio italiano.

¡Es lógico! De golpe, todo nuevo: país, familia, colegio.

(Asiente) Me tocó llegar más o menos a las ocho de la noche a la ciudad y apenas se abrieron las puertas sentí la calurosa bienvenida de mi familia anfitriona, que se emocionó mucho al verme bajar del tren. Luego de eso, me llevaron en el auto y me llevaron a la casa a presentarme a las mascotas, darme un tour por la casa, explicarme unas cuantas cosas básicas: cómo funciona el baño, la cocina, etcétera. Y esa fue mi primera noche ahí.

¿Y el lunes?

El lunes tuve libre y aproveché para hacer unos trámites que salieron rápido. Por ejemplo, legalizar mi estadía en la casa de mis anfitriones. Y el martes ya tenía mi primer día de clase en mi colegio nuevo. Ese día, esa mañana, sí que estaba nervioso porque no sabía cómo me iban a recibir las personas, mis compañeros.

Explicando la historia de Paraguay al público italiano…

¿Y qué encontraste al llegar?

Me tocó un colegio muy lindo que se dedicaba a la producción de vinos, muy interesante la verdad. Aprendí bastante sobre cómo se hacen los vinos, los cultivos, los procesos, muy bueno todo. Al llegar no sabía cómo ir a mi clase, pero después de unas preguntas, la encontré: había solamente dos alumnos.

¿Sólo dos alumnos?

Sí, me quedé sorprendido. Después de un rato me dijeron que casi nadie había ido ese día porque era un día especial. Me recibieron muy bien, me preguntaban muchas cosas, no hacían bromas, no eran molestos, eran muy educados. Ahora son amigos con los que sigo todavía en contacto.

Entonces todo fue muy bien…

Sí, todo más que bien. Y después me empezaron a “schockear” algunas cosas de la cultura italiana.

Por ejemplo…

Los negocios acostumbran a cerrar a mediodía, y abren después de tres horas. Eso es bastante molesto, porque cuando querés ir a un shopping a almorzar y comprar algo después, resulta que las tiendas no están abiertas.

El intercambio sirvió para conocer Roma, la ciudad eterna.

¿Y algún otro shock?

En la casa donde me alojaba nunca faltaba pasta para el almuerzo. Eso era todos los días: y cuando digo que nunca faltaba, es en serio: todos los días de mi estadía comí pastas en el almuerzo. Aunque, obviamente, también había otras cosas variadas:  podía ser caldo, o ensalada, o pizza también.

Pastas todos los días…

Y también café. ¡Todo el tiempo café! Pero no en tazas grandes como las nuestras, sino en tacitas chiquititas, que son bien fuertes, pero chiquititas, que se toman para el desayuno, almuerzo, merienda, cena.

¿Y qué nos podés de decir de la experiencia en general?

Pienso que fue muy enriquecedora, porque te ayuda a comprender cómo funciona el mundo fuera de la comodidad de tu casa o del país donde vivas. Sirve bastante para aprender también un idioma nuevo, porque el italiano no es muy complicado. Yo me logré adaptar muy rápido: es un idioma muy parecido al español y es bastante fácil de aprender porque la gente todo el día te habla en italiano y aprendés cosas nuevas siempre.

Rogelio Cáceres, Santino Berni, y Mauricio Giucich en Campoalto. Octubre 2026

Nuevo idioma, nuevos amigos…

Fue muy lindo haber compartido tanto tiempo con la familia que me hospedó. Hice vínculos muy buenos, que sigo manteniendo y hasta diariamente nos escribimos. La verdad que fue muy triste tener que subirme al tren y tener que decirles adiós en la estación. No fue fácil obviamente.

Seguramente se repitió la historia: a Roma en tren junto con los otros intercambistas..

Así fue. Lo emocionante fue que nos pudimos quedar en Roma un día y medio, socializando entre nosotros, compartiendo cómo fue nuestra experiencia. Volvimos a ver a los amigos que no habíamos visto por seis meses. Eso sí fue bastante divertido.

Y de Roma, a Madrid…

Eso me tocó con los otros paraguayos. Ya en Madrid estuvimos un rato en el aeropuerto y tomamos nuestro vuelo para volver a Paraguay. Al final llegamos a las seis de la mañana acá, bien temprano, un lunes. Eso sí fue bastante cansador. Llegamos tempranito y claro, nos recibieron todas nuestras familias, y algunos amigos.

Santino, ¿podrías dejarnos un último mensaje para nuestros lectores?

Podría dejar como moraleja que hay que atreverse a hacer cosas que a veces dan miedo. En este tipo de experiencia conocés mucho sobre el mundo, sobre personas, y aprendés a adaptarte a situaciones de peligro o situaciones laborales. Te ayuda mucho a ganar en madurez y a desarrollar habilidades que no se pueden desarrollar en tu lugar de confort.

Gracias Santino!

Gracias al Colegio Campoalto por apoyarme siempre y por este espacio.

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