45 años dejando huella: Ignacio Acuña, Promo 2024, y el amor que permanece

Pasan los años. Pasan los alumnos. Las promociones egresan, pero las historias permanecen. Y todas parecen coincidir en algo: el amor por el colegio que se vuelve eterno.

¿Cómo se entiende y dimensiona eso? Escuchando a quienes dejaron huella en Campoalto… y en quienes Campoalto dejó una huella para siempre. En el marco de los 45 años de nuestra institución, conversamos con Ignacio Acuña, promoción 2024 y presidente del Centro de Estudiantes en su último año. Su testimonio refleja con claridad lo que significa haber vivido 12 años en Campoalto.

“Ponchi”, como lo llaman cariñosamente, cuenta que al terminar el colegio emprendió un viaje de dos meses a Europa, participando de una actividad del Movimiento de Schoenstatt, del cual forma parte. “Fue una maravillosa experiencia. Estuve un mes viviendo en el lugar donde se fundó el Movimiento. Tuvimos misas, actividades de formación y mucho discernimiento, me ayudó mucho a saber hacia dónde apuntar mi vida y cómo proyectarme en los siguientes años. Fue también un tiempo de gran crecimiento espiritual”, recuerda.

Pero volver no fue tan simple

Como a muchos antiguos alumnos, el proceso de adaptación a la vida post colegio le resultó desafiante. “Sin dudas cuesta, sobre todo en mi caso, que estuve fuera dos meses y luego volví justo cuando comenzaban las clases. Tenía que empezar a estudiar y sentís que te falta algo. Yo tenía un sentido de pertenencia muy grande con el colegio, que incluso me llevó a querer ser presidente del Centro de Estudiantes”, señala.

Hoy Ignacio está en el cursillo para el ingreso a la carrera de Ingeniería Aeronáutica. Y reconoce que, en los primeros meses, incluso llegó a dudar del camino elegido. “Te sentís extraño, como si estuvieras empezando de cero, pero me iba acordando de todo lo que viví en el colegio, de mis compañeros, de las enseñanzas recibidas. Entendí que fue una etapa que me va a ayudar ahora y toda mi vida”.

Si algo se lleva de Campoalto, dice, es la comunidad y la fe, dos pilares que buscó transmitir junto a su equipo cuando le tocó liderar el Centro de Estudiantes. “Queríamos mostrar que Campoalto es familia, que no es solo una etapa escolar, sino algo que llevás para siempre. Los vínculos, las enseñanzas, las vivencias intensas, todo eso te marca”, reflexiona.

También destaca los deportes, los intercolegiales, las clases, los momentos compartidos y hasta los errores. “De los errores uno aprende muchísimo, se descubre a sí mismo. Y todo eso es parte de la comunidad en la que estamos”, comenta Ignacio.

Al hablar del espíritu del colegio, no deja de mencionar a San Josemaría Escrivá, especialmente en este tiempo en que nos acercamos al jubileo por los 100 años del Opus Dei. “Me parece importante que conozcamos más su vida y lo que representa La Obra para Campoalto. Me encantaría que los alumnos tomen la responsabilidad real de aprender sobre él, de conectar y tener comunión con su mensaje”, expresa.

Y como todo buen antiguo alumno, deja también un mensaje para los que hoy transitan sus últimos pasos en el colegio, especialmente la promoción 2026: “Vivan el hoy, está bien pensar en la carrera que van a seguir, pero disfruten este año con intensidad. Pararse un rato en las gradas, subir al último piso y mirar el colegio de otra forma, son 12 años de vida y uno se acostumbra, normaliza todo, pero cuando mirás diferente, realmente aprecias lo que tenés y nunca se van a olvidar de estas vivencias”, nos cuenta con emoción.

Antes de despedirse, Ignacio no podía dejar de mencionar el nuevo Oratorio, un hito que entusiasma a toda la comunidad educativa. “Yo empezaba todos mis días en el antiguo Oratorio, era y es muy importante para mí y me encantaría volver en unos meses y entrar al nuevo. Para nosotros, como católicos, va a ser muy significativo y creo que despertará en muchos alumnos y antiguos alumnos anhelos grandes, incluso el sueño de casarse ahí algún día. Tener un lugar donde formar el vínculo con Dios es algo sumamente importante”, concluye.

En estos 45 años, Campoalto ha visto pasar generaciones enteras. Pero historias como la de Ignacio confirman que lo más valioso no termina con el egreso. Permanece, porque cuando la formación es integral, cuando la fe y la comunidad se viven de verdad, el colegio no se queda atrás: camina con cada antiguo alumno, allí donde la vida lo lleve.