Alumnos

El misterio de la persona humana

Una libertad inefable

En cada alumno todo mira a la esperanza. Detrás de los ojos tímidos de un niño, detrás de los ojos inquietos de un adolescente se esconde el mundo de una libertad inefable. ¿Y quién es capaz de acceder a su entretela? Allí anida el futuro, allí yace tierna la conciencia, allí emergen posibilidades infinitas, allí conviven en explosión continua las ansiedades de la inteligencia, el ímpetu de la voluntad y la ebullición candente de las emociones.

Al igual que los mayores, los más chicos necesitan conocer y asimilar las normas claras de la prudencia para entrenarse en dirigir su libertad hacia el bien. Tengamos paciencia, que alguien definió como “el amor que se hace tiempo”. Sepamos quererles. Vayamos por delante. Enseñemos con la vida. Exijamos con cariño. Y estimulemos su pensamiento propio.

¿Qué esperamos del alumno?

Pretendemos –y no es poco- que adquiera capacidad de pensar por cuenta propia sobre la base de una recta formación humanística y aprenda a administrar su libertad asumiendo gradualmente sus personales responsabilidades, cara a Dios y a los demás.

Partimos de la convicción de que el alumno sólo dispone de dos medios que lo harán crecer en todas sus dimensiones: la gracia de Dios, y su propio trabajo esforzado, único, irrepetible. Se le deberá acompañar muy de cerca y brindarle facilidades, pero en última instancia nadie puede sustituirle en el ejercicio de su libertad.